Lo curioso de venir de Vodacce es que todo el mundo tiene una opinión muy clara sobre ti antes de conocerte. Lo cual es terriblemente útil para tratar con mujeres, delincuentes y nobles, pero un enorme obstáculo para ganarse la confianza de gente honrada que trata de evitar una puñalada por la espalda. Por eso sabía que los proveedores que había dejado con Kelly eran buena gente, y por eso jugaba con una moneda que me había encontrado al subir al barco hacia Isla Sombrero. Al fin y al cabo qué vodacciano no se alegraría de ver tal presagio ante tan incierto destino.
Isla Sombrero. Le daba vueltas mientras observaba a los presentes. Una prisión mística con un ser horriblemente malvado e incomprensiblemente poderoso sonaba a mala estafa o a terrible negocio, pero ciertamente estaba movilizando a gente talentosa, desocupada y hambrienta de fama y fortuna, así que sonaba al sitio en el que yo tendría que estar. Y al fin y al cabo Kelly necesitaba tiempo para hacerse con el negocio y un porcentaje alarmantemente alto de mis finanzas daba ahora vueltas entre mis dedos, así que tampoco es como si tuviese nada mucho mejor que hacer.
Apenas terminaron las explicaciones, una alegre avalonesa sugirió empezar una fiesta. Una mujer empezando una fiesta. Esa. Esa mujer era peligrosa, esa mujer era el elemento a controlar en este barco. Empecé a seguirla con la mirada sin que se notase demasiado: se levanta, habla con el tipo impulsivo y nervioso y otra chica que, vaya, es su prima, se sienta, otra mujer se sienta con ella... parecía la única persona que tenía claro lo que quería en el medio de todo este lío. Todos los demás estaban confusos, dando vueltas. No eran interesantes. Aunque tal vez aquella rubia.
Fue cuando me estaba levantando y yendo hacia allí cuando declararon el zafarrancho de combate. Con el sobresalto mi moneda cayó al suelo, rodó, se coló entre dos tablas. Oh, bueno. Los presagios nunca fueron conmigo de todos modos. Habría que echar mano de la espada, ir dejando pasar delante discretamente a la gente con ganas de demostrar su hombría y buscar a alguien a quien defender mientras observaba qué sucedía en la batalla.
Isla Sombrero. Le daba vueltas mientras observaba a los presentes. Una prisión mística con un ser horriblemente malvado e incomprensiblemente poderoso sonaba a mala estafa o a terrible negocio, pero ciertamente estaba movilizando a gente talentosa, desocupada y hambrienta de fama y fortuna, así que sonaba al sitio en el que yo tendría que estar. Y al fin y al cabo Kelly necesitaba tiempo para hacerse con el negocio y un porcentaje alarmantemente alto de mis finanzas daba ahora vueltas entre mis dedos, así que tampoco es como si tuviese nada mucho mejor que hacer.
Apenas terminaron las explicaciones, una alegre avalonesa sugirió empezar una fiesta. Una mujer empezando una fiesta. Esa. Esa mujer era peligrosa, esa mujer era el elemento a controlar en este barco. Empecé a seguirla con la mirada sin que se notase demasiado: se levanta, habla con el tipo impulsivo y nervioso y otra chica que, vaya, es su prima, se sienta, otra mujer se sienta con ella... parecía la única persona que tenía claro lo que quería en el medio de todo este lío. Todos los demás estaban confusos, dando vueltas. No eran interesantes. Aunque tal vez aquella rubia.
Fue cuando me estaba levantando y yendo hacia allí cuando declararon el zafarrancho de combate. Con el sobresalto mi moneda cayó al suelo, rodó, se coló entre dos tablas. Oh, bueno. Los presagios nunca fueron conmigo de todos modos. Habría que echar mano de la espada, ir dejando pasar delante discretamente a la gente con ganas de demostrar su hombría y buscar a alguien a quien defender mientras observaba qué sucedía en la batalla.

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