
Aún medio dormida me acomodé buscando alargar esos momento cálidos antes de despertar. No estaba sobre paja, pero estaba sobre algo razonablemente cálido y blando. Pasé la mano por mi almohada improvisada, era suave, agradable al tacto, tal vez seda.
Fue la suave llovizna lo que me hizo abrir los ojos. ¿dónde diablos me había quedado dormida? Tardé un segundo en comprender que la seda pertenecía a aun chaleco. Un chaleco con alguien dentro. Me aparté rapidamente y me ruborice. Maldita sea, me había quedado dormida encima de Fabien. No pude evitar ruborizarme, aún sin saber exactamente qué había pasado.
Fue entonces cuando me di cuenta de que el cachorro ya no estaba conmigo.
- ¡No! - grite sin importarme que Fabien despertase o que alguien pudiera oirnos. Y cuando me di cuenta de que estabamos en un tejado me puse aún más nerviosa.
Me acerqué a toda prisa al borde del tejado para mirar si se había caído, pero no había rastro del cachorro.
- ¡Maldita sea! ¡Era mi responsabilidad! - Me mordí el labio tembloroso y contuve las lágrimas de frustración. Regresé hasta donde estaba Fabien y le zarandeé para despertarlo. - ¡Tenemos que encontrarlo! ¡Ese ser se ha quedado con el cachorro! ¿Cómo hiciste para que llegasemos allí? ¡Tenemos que volver!
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