jueves
Prologo: Cuando todo sale mal II
[Taberna de la puerta verde, Wandesbrow]
Lucio: -¿Ves? Está todo dispuesto. -Sonreía a Kelly, confiado, como si supiera de lo que estaba hablando-. Si quieres cambiar algún detalle, es tu gusto personal y lo hablamos, pero yo creo que bien podemos arrancar tal y como está. Ven, siéntate conmigo.
Me senté en la mesa central de La Puerta Verde, la taberna en la que trabajaría Kelly a partir de ahora. Miré alrededor contemplando el escenario como quien observa un campo de caza antes de empezar la partida, como quien contempla un lienzo en blanco, como quien entra en una sala llena de nobles pensando en quién va a ser el mejor comprador.
La taberna era pequeña y tranquila, pero estaba lista para rodar: siete mesas y una cocina en la planta baja, tres habitaciones en la alta. Un pequeño almacén arriba y una trampilla a un hueco en el sótano desde la cocina. Y en el centro, la atracción principal: una adorable señorita sola y desprotegida en sus tiernos 19 años. Yo era inmune a sus encantos, claro; pero no creía que la clientela fuera a poder decir lo mismo.
Master: Kelly miró a su alrededor con inseguridad. Se mordió el labio y frunció el ceño mientras pensaba.
- Yo... no estoy muy segura- empezó,- nunca he llevado una taberna... ¿que se supone es lo importante?- pregunto, más retoricamente que dirigiendose a Lucio.- Es decir, parece un sitio bastante limpio y decente, yo misma vendría a comer aquí si tuviera que invitar a alguien. Bueno, supongo que necesitamos gente y... cosas.
Lucio: -Oh, no te preocupes por saber llevar una taberna. Te aseguro que he visto a auténticos testas di cazzo llevar tabernas que se llenaban de gente -claro que no eran las tabernas que ella quería llevar, pero ¿cómo de difícil podía ser?-. Eres una muchacha joven e inteligente, y llevas muchos años manteniendo impecable la residencia de una señora de lo más exigente, ¿no? -Me relajé sobre el respaldo de la silla-. ¡Passeggiata! ¡No vas a tener ningún problema!
>>Mira, ven, acércate -me incliné hacia adelante clavando los codos en la mesa-. he planteado muchas posibilidades de negocio, pero creo que lo mejor es que empecemos por lo sencillo. Si conseguimos otro camarero y una cocinera, y puedo traértelos, podemos poner a funcionar La Puerta Verde tal y como está. Ya tiene cierto reconocimiento entre comerciantes y demás, así que los clientes vendrán sólo por inercia y los proveedores de cerveza y comida ya tienen la ruta hecha. Podemos aprovechar de momento dos de las tres habitaciones de arriba para alojarnos nosotros y la tercera como despacho para que hable con los proveedores y demás. Yo me encargo de todos los problemas que puedas tener, tu céntrate en hacerte con el negocio y el trato con el público. Cuando tú tengas una idea de cómo quieres trabajar y la gente se entere de la espléndida camarera que ha entrado a atender su taberna favorita, empezaremos a adaptarla. ¿Qué te parece?
Master: Kelly se queda observando a Lucio unos segundos.
- Yo...- empieza,- parece que teneís muy claro todo lo que hay que hacer- murmura Kelly.- Yo pensaba contratar a alguien que hiciera todas esas cosas porque Arthur nucna... bueno, nunca se encarga de eso. Aunque si quereís hacerlo... bueno, yo no puedo pagaros ahora
Kelly dio a entender, sin palabras, que el hecho de que durmieran juntos y que ella debiera un favor a Lucio, no dejaba lugar a que pasara nada.
Lucio: No cobrar dinero no era una gran noticia, pero tener manutención y un despacho seguía siendo un avance. Además, qué diablos, esto pintaba divertido. Y Kelly dudaba, pero ya estaba dentro. Sólo que aun no lo sabía. Reí para aliviar la tensión y dar los últimos pasos.
-No te preocupes, es muy sencillo, la gente sólo quiere venir, comer y pasar un rato tranquilos. No tienes que entretenerles, no tienes que cocinar para ellos, sólo tienes que familiarizarte con el trabajo para ver qué quieres hacer con tu nuevo local. Tienes la habilidad, tienes los conocimientos y me tienes a mí cuidando de ti. Yo tengo los contactos, conozco el terreno y estoy satisfecho con tener un sitio donde dormir y ver que consigues desenvolverte. Para entonces ya empezaremos a pensar en qué hacemos con el dinero. Pero no estaría tranquilo sin saber que te estoy ayudando en lugar de lastrando. -Me levanté de la mesa, me fui acercando a ella y extendí mi mano con la palma hacia arriba. Era el momento de abalanzarse sobre la presa. Mostré la mejor de mis sonrisas, la sonrisa de vender-. ¿Trato?
Master: Kelly se quedó mirando la mano sólo un momento, y luego encajó firmemente.
- Esta bien señor Sforza, pongamos esto en marcha entonces- se limitó a decir, antes de subir al piso de arriba para adecentar su habitación. La taberna quedó silenciosa. ¿Y ahora qué?
Lucio: Sonreí para mí mismo al ver la situación, pero puse la espalda recta, la cara seria y la voz firme. -Ahora ejercita esas muñecas, jovencita, porque las vas a necesitar. Coge fuerzas, familiarízate con tu nuevo hogar y prepárate, pronto vas a conocer candidatos a miembros de tu nuevo equipo -hice una inclinación con mi cabeza y empecé a caminar fuera del local.
En vaya lío me acababa de meter. Pero tiene que haber camareros y cocineros aptos en alguna parte, ¿no?
Master: Lucio anduvo por la calle entre cavilaciones. Recordaba que Johan el Rojo había quemado la casa de los Windsor en venganza por no pagarle la recompensa por el objeto que había robado para ellos. Y los Windsor tenian esa cocinera tan buena ¿Cómo se llamaba? Era algo como... ¿Clarisa? ¿Melisa? Algo así... Sólo se habian salvado dos personas del incendio si no estaba equivocado.
Si, la gente siempre se olvidaba de que la gente que sobrevivía a los incendios tiene que trabajar. Es decir, para seguir viviendo. Después de unas cuantas preguntas Lucio descubrió que madre e hija se habian salvado porque vivian en un pequeño apartamento cerca del mercado. Era un edificio viejo y pobre, pero de esa clase de pobres con tanta dignidad que tener la acera diez centimetros más limpia que el vecino era como poseer diez ducados más.
Lucio: Era perfecto. Tenía alguna otra posibilidad en la cabeza, pero esta era la que mejor encajaba. Kelly necesitaba una figura maternal con la que relajarse y esta familia acababa de pasar por un trauma y necesitaban una rutina. Había pasado una semana, suficiente tiempo para relajarse y pensar en buscar otro trabajo pero no el suficiente como para que madre e hija hiciesen un conjunto demasiado cerrado para ayudarse a salir del trauma. Aun cabíamos dentro.
Además, esta señora hacía un pato chatay espectacular.
Me terminé de colocar la camisa, aclaré la garganta y llamé a la puerta. Buenas tardes, señora y señorita, vengo a ver si me termina de apetecer ser vuestro salvador. Vamos allá.
Master: La puerta se entreabrió lo suficiente para que cupiera una mirada desconfiada. Las arrugas alrededor del ojo indicaron a Lucio que se trataba de la madre... cómo se llamase.
- ¿Si?- preguntó sin quitar la cadena de la puerta.- ¿Quien és?¿Que quiere?
Lucio: Perfecto, aquí estaba con quien quería hablar. Hice una reverencia. -Buenas tardes, vengo en calidad de vecino apesadumbrado y de admirador. Me enteré del suceso de la semana pasada y no quería venir inmediatamente para no interrumpir, pero estaba preocupado por cómo estaríais tras el susto inicial.
Master: El ojo desconfiado se entrecerró escudriñante y la puerta se cerró. Lucio oyó cómo se descorrían los cerrojos y la puerta se abrió otra vez, revelando una mujer bajita y corpulenta de escote generoso que lo miraba inquisitivo.
- Con estos ropajes dudo mucho que seaís de por aqui, señor mío...- observó.- ¿Que es lo que buscaís?
Lucio: Vale, no iban a tener conversación. Tendría que ir directo al grano. -Bueno, he viajado hasta Avalon recientemente y he tenido la ocasión de probar vuestro pato chatay, y después enterarme del accidente en la casa de los Windsor. Y venía, primero, a decir que lo lamento mucho, y segundo, que vuestra cocina me ha gustado tanto que me parece una tragedia que el resto de la ciudad no pueda seguir disfrutando de ella, así que quisiera comunicaros que hay una taberna en la que creo que encajaríais de maravilla. ¿Quisiérais discutirlo, tal vez?
Master: - Por la Santa Almeja de la Reina Eleine, ¡Claro que me interesa!- exclama la mujer.- Joder, si tengo que pasar un día más pidiendo dinero al idiota de mi hermano y a la bruja de su mujer voy a tirarme al mar. Si mi Ronnie no nos hubiera dejado podría permitirme unas vacaciones pero, no hay descanso para una viuda cocinera. Cuentame más de esta taberna, hermosura. ¿Cómo es que necesitas una cocinera?
Lucio: Me eché a reir a carcajadas. Esta señora parecía divertida. No dejaba de ser una mujer, pero tal vez sería lo que Kelly necesitaba. -Todo a su tiempo, mi señora. Si esto sucediese pasaríais mucho tiempo con alguien en muy alta estima para mí, así que primero me gustaría conoceros un poco. ¿Hay algún momento en el que podamos relajarnos y hablar un poco? -Guardaba la carta de la hija de momento para que no pareciese que estaba intentando llegar a ella.
Master: - ¡Ja! ¡Conocerme!- río la mujer,- ¡Espero que eso incluya un buen plato de mejillones y una cama, señor mío!- exclama.- ¡Jenny Jenkins! ¡Mueve tu gordo trasero y ven aquí con tu madre ahora mismo, o te voy a atizar hasta que a el O’Bannon sea un tipo honrado!
- ¡Ya voy ma!- responde una voz, a gritos, lejana y resacosa.- ¡No hace falta que grites, joder!
- ¡Modera tu lenguaje jovencita! ¡Tenemos visita, maldita sea!
- ¡¿Quien mierdas ha venido?!¡¿La princesa de Montainge a robarme mis elegantes vestidos y lamerme el...?!- dijo, interrumpiendose al ver a Lucio.- Hola, guapo- añadió, cambiando de cara y de tono por completo. Jenny era una muchacha avalonesa recía y de grandes pechos, cómo su madre, sólo que mucho más delgada y más alta. Si bien no era lo que Lucio consideraba hermosa, si que era el tipo de mujer que relacionaba al instante con una taberna. Y también con la resaca.- Ma ¿porque has llamado a un chico de compañía?¿resulta que somos ricas y no lo sabíamos?
Lucio: Como un guante. Iban como un guante. Estaban las dos dentro, si de mí dependía. La madre tenía el carácter que le hacia falta a Kelly y la hija los pechos. Seguramente habría que pulir los modales, pero serviría para empezar. De todos modos pensaba poner a una dentro de la cocina y a la otra en el turno de noche. Sonreí de oreja a oreja y me dirigí a Jenny.
-No exactamente, pero sí puede que habéis tenido un golpe de suerte. ¿Te gustan los mejillones, Jenny? -Levanté la mano en el acto, adelantándome al comentario jocoso-. Conozco un sitio donde los hacen recién salidos del mar, pensaba invitaros a las dos para hablaros de un pequeño proyecto. Si lo tenéis a bien.
Master: Madre e hija se quedaron mirando al vodaccio un instante sin decir nada.
- Que si te gustan los mejillones dice...- empezó la madre.- ¡Maldita sea Jenny Jenkins! ¿Porque ninguno de los despojos que traes a casa me invita nunca a mejillones?
- ¡Callate Ma! ¡El vago de tu marido tampoco nos invitó nunca a nada que no fueran palizas gratis!
- ¡Bah! ¿Que sabrás tu lo que es una paliza, jovencita? Vamos a comer con ese joven tan majo, a ver si puedes engañarlo el tiempo suficiente para que te deje preñada, ¡sería la única manera de que hiceras algo de provecho!
Lucio: Oh, lo que iba a tener esta señorita eran ocasiones de quedarse preñada. Ahora la duda era si invitar a Kelly directamente o hablar con ellas primero. Pero Kelly y ellas tendrían tiempo de sobra para conocerse y quería tomar esta decisión con cuidado, así que decidí llevármelas a ellas solas. Movimiento. Cambié a un tono sólo ligeramente más firme.
-Muy bien, pues si no vamos saliendo nos van a dejar sin ellos asi que movámonos, damiselas.
Master: Convencerlas de que fueran a comer gratis no fue muy difiícil, por mucho que fuera con un desconocido. Además las dos estaban buscando trabajo y cuando supieron que era en una taberna respetable como La Puerta Verde en la que no había una pelea desde hacía años y que el único hombre con el que tendrían que tratar era el própio Lucio, este habría jurado que podía haberles hecho pagar para currar si hubiera accedido a, ¿como era? ah si, “ir por ahí con ese culito al aire”. Increible. Al final pero, al margen de las bromas, resultó que la señora Jenkins era una fiera regateando sueldos y Lucio acabó concertando unos razonables diez gremiales por semana para ella y otros cinco para Jenny, con fiesta un lunes de cada dos.
Lucio aun tenía que tratar con los proveedores pero estaba dándose cuenta de que el hecho de que él no supiera mucho de la taberna era una buena señal. Cón su reputación no tenía mucho trato con los mercaderes, que no eran ni nobles ni gente de los bajos fondos, pero bueno, podría adaptarse. Al fin y al cabo, siempre lo hacía.
Lucio: Según avanzaba la comida, mi tono se ponía progresivamente más serio. Según las iba viendo más y más dentro, empezaba a comportarme más como su jefe. Aunque no lo fuese.
-Vale, hay tres puntos importantes. Si podéis seguir estos tres puntos, yo puedo convencer a Kelly.
>>Primer punto, Kelly es la jefa. Lo que ella diga, se hace. Lo que ella quiera cambiar, se cambia. No va a dar muchos problemas en principio, pero quiero que esté claro.
>>Segundo punto, Kelly no conoce el negocio. Es una buena doncella, será una gran tabernera, pero ahora está perdida y tal vez un poco asustada. La pobre chiquilla se ha quedado sola de un día para otro y sólo nos tiene a nosotros para que cuidemos de ella. Esto no significa que tomemos las decisiones por ella, significa que nos lo comentáis todo, la apoyamos a la hora de decidir y acatamos. Y que la mantengamos segura y contenta, cuando el jefe está de buenas todo va mejor para los empleados.
>>Tercer y último punto, La Puerta Verde es una taberna respetable y libre de peleas, y en principio queremos que siga así. No queremos que sea un muermo, pero no queremos ningún tipo de problema. Supongo que sois profesionales y sabéis qué tipo de cosas no se pueden hacer con la clientela sin que se alboroten las aguas. Si algún problema asoma, habláis conmigo.
Si está todo claro, procederemos a hablar con la que será vuestra próxima pagadora y en un par de días estaremos trabajando.
Master: Después de sellar el trato con la familia Jenkins y de dar por saldado el favor que el viejo Angus McCrown le debía al invitarlo a comer mejillones y cerveza (su plato estrella), Lucio se sentía bastante satisfecho. Si todo seguía así podría librarse pronto de ese quebradero de cabeza y seguir a lo suyo. Al fin y al cabo era mucho más fácil tratar con Kelly que con su hermano Arthur.
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