viernes

Ishara Kissoon

El demonio blanco tarda en reaccionar. Quizás el alcohol ha estropeado su cerebro, como la fruta que se pudre si está demasiado al Sol... Miro al desconocido con cara desaprobatoria de "estás gravemente enfermo, te queda una semana de vida". Suspiro resignado cuando por fín parece decir algo coherente y útil, su nombre.
-Eso está mejor, demonio blanco Finbar.
Me giro hacia la puerta, para ver la entrada de otro demonio blanco con ropas variopintas y demasiado extrañas, nunca me acostumbraré al mundo exterior de los demonios. Enarco una ceja ante sus horribles modales, " que se puede esperar de un demonio blanco con un aspecto tan ridículo? Sólo eso". Ladeo la cabeza repetidamente.
-Como ha dicho mi "amigo", acabamos de llegar. Culpe a otro.
Hago ademán de caminar hacia la puerta, con mi andar y porte de tipo enorme, con pinta de tener muy malas pulgas si le cabrean.
-De todos modos, no nos ibamos a quedar, verdad Hermano Finbar?- le digo a éste, tratando de hacer frente común. Acaricio la piel escamosa y húmeda de Ani, con suma calma, acercándome a cada paso profundo hacia la posición del Casaca.

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