viernes

Dalla Ingunndottir



Me senté un rato con los ojos cerrados, dejándome mecer por el barco y recordando viejos paseos marítimos. Era como volver a un lugar de infancia, últimamente había pasado demasiado tiempo en tierra para mi gusto.

Por desgracia, por mucho que intentara aislarme del resto del mundo, la realidad era que iba en un barco cargado hasta los topes de desconocidos. Los observé, callada y retraída, analizando si había tomado una buena decisión al unirme a aquella aventura. Cierto era que no tenía nada mucho mejor que hacer y que llevaba demasiado tiempo sin ningún propósito fijo. La propuesta del usuro había llegado en un momento de mi vida en el que nada tenía sentido, ir a explorar la isla prometía al menos algún cambio interesante, incluso tal vez fuera de nuevo necesaria para alguien.

Erin parecía inquieta, el estar encerrada allí no debía sentarle bien. La miré con una sonrisa al ver sus intentos de hacernos hablar y cambiar el ambiente del lugar.

- Pero Erin, ¿una fiesta? - pregunté un poco descolocada - ¿En un barco? ¿Qué quieres que hagamos? - la propuesta me parecía un poco inverosímil, dado el poco radio de acción del que disponíamos.

Miré al resto, que no parecían haber reaccionado en absoluto ante la idea de la fiesta. Es más, parecían haberla ignorado por completo, como se ignora a un niño pequeño demasiado molesto. A pesar de no
tener ganas de celebrar nada, me sentí molesta por el espíritu negativo que se respiraba. Al menos Erin había intentado cambiarlo, el resto deberían ser más respetuosos, no?

- Aunque viendo el ambiente, tal vez no sería mala idea... - observé las caras largas y tomé una decisión. Me levanté y me acerqué a Erin, poniendo los brazos en jarras delante de ella de forma resolutiva - Dime, ¿en qué te puedo ayudar?.

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