
No más Drama (Segunda Parte)
- Eh, uh, vaya. Una pena. - Sonreí. - Lo de Bridget quiero decir. - Este tipo de fanfarronadas me daban confianza. - Oh, venga. No hace falta que te pongas así. - Estiré el dedo y le golpeé con suavidad la frente. - Relájate Erin, no quería despreciar la comida.
Me sacudí una vez más la ropa. Miré alrededor. Ernest y Clarisse nos miraban intrigados. Intentaban disimilarlo, pero era imposible. La avalonesa estaba montando una escenita. Parecía que a veces sacaba a los personajes de sus historias al mundo real. Pero no estaba para perder energías discutiendo tonterías.
- Siento el malentendido. Estaré encantado de probar la comida de la señora Flowers mientras lava la camisa. - Toqué la bolsa, asegurándome de que estaba allí. - Y pagar por ello, claro. No creo que necesite los servicios de... - Me puse la mano en el mentón, reflexivo. - ¿Angus? - Pregunté, y decidí que había acertado. - Angus esta noche. Supongo que con la camisa limpia y la tripa llena, habrá un rato para una canción, o una historia, ¿no?
Miré a Erin y sonreí, la mayoría de los juglares se sentían impelidos a demostrar sus habilidades, supuse que la avalonesa no sería una excepción.
Erin: Entrecerré los ojos, no estaba del todo segura de que sus palabras contasen como una disculpa por haber pensado que era una Jenny. Iba a pegarle un puñetazo cuando irrumpió Bridget en la habitación. Venía con el vestido descolocado, arreglandose el escote y con las mejillas sonrosadas. Angus bajó poco después y habría apostado que había empleado su escaso dinero en los servicios de Bridget pero no pensaba preguntar.
- ¡Estas aquí! ¡No viniste a la hora del té y tengo dos cartas! - dijo con un mohín que hizo destacar su lunar falso.
Dirigí una mirada indignada a Pablo y luego miré a Bridget, sin decidirme a cuál de los dos contestar. Terminé por dirigirme a Angus, no se diría que los inishmoreses no eramos hospitalarios pese a todo.
- Angus, ¿puedes dejarle una camisa mientras lavan la suya? Esta es una casa decente - esto lo dije remarcándolo. Luego le dirigí una mirada dura a Pablo - Si estuviera aquí alguno de mis seis hermanos te partiría la cara por insinuar que soy una Jenny. - miré a Bridget - No te ofendas - Volví a mirar a Pablo- Que diablos, merecerías que yo te partiera la cara por eso. No haras muchos amigos así.
Luego me aparté y me senté junto a una mesilla, con las cartas.
- Primero se leen las cartas, luego escribimos respuestas y, más tarde, compartimos algo de bebida e historias. Pero dado que sois el invitado, lo justo sería que empezaseis vos. - esbocé una sonrisa juguetona - Si es que vuestros importantes asuntos os permiten aceptar la hospitalidad humilde de nuestro techo.
En este punto Bridget soltó una risotada y le dio una palmada en el culo a Pablo. En ese punto me costó mantener el cabreo y no pude evitar reirme.
Pablo: Aquello se estaba yendo de madre. Todo era bastante absurdo, como en una mala obra de teatro. Empezaba a compadecer a aquella actriz.
- ¿Me amenazas y luego me invitas a contar una historia? Un tanto incongruente muchacha.
Aparté la mano de Bridget con delicadeza, y le dediqué una mirada que lo marcaba claramente como territorio prohibído. Una furcia que acababa de tirarse a un sastrucho de poca monta no me trataría así. Intenté suavizar la mirada luego con una sonrisa, pero si la chica era un poco lista no volvería a intentarlo.
Di algunas vueltas a la mesa, me sentía como un animal enjaulado. Estaba en clara desventaja en aquel lugar. No tenía intención de aguantar más insolencias, pero tampoco quería entrar en aquella dinámica de drama innecesario. Supongo que si Erin hubiese sido un hombre, ya le habría cerrado la boca.
- Perdón por mi error, pero tampoco ha sido una asunción tan extraña. - Suspiré. - Mi historia es bastante triste y no quiero agriar la vida a nadie. ¿Dónde puedo cambiarme? - La conversación había llegado a su fin. - No quiero ser yo el que retrase la cena. - Sonreí a los presentes.
Erin: Aquel hombre no dejaba de insultarme pese a que le estrabamos mostrando bastante cortesía. Me crucé de brazos y aparté la mirada, apretando los labios. Luego sin mirar señalé hacia las escaleras por las que había bajado Angus.
- Angus, llevale a tu habitación y dejale algo. No te preocupes, no empezaremos las cartas sin ti.
Esperé a que empezasen a subir y luego intenté sin demasiado éxito eludir las preguntas. Como no podía ser de otro modo, la primera en abrir la boca fue Clarisse, que desde que estaba viuda, parecía que prestase más atención a la vida de los demás que a la propia.
- ¿Quién es? ¿Dónde le has conocido? ¿Por qué piensa que eres una Jenny?
-¡Eh! ¿Ahora vas a hacerme la compentencia? - preguntó Bridget.
El puñetazo me salió solo y cayó redonda sobre el sillón. Luego me llevé la mano a la boca, entre sorprendida por lo que acababa de hacer y arrepentida. Miré al resto y luego me acerqué a ella con la botella de whisky en la mano y una servilleta en la otra.
- Despierta, despierta. No quería darte tan fuerte. - le di unos golpecitos en la mejilla y puse el alcohol bajo su nariz. Luego Clarisse le abrió un ojo para ver si despertaría.
Al final, entre Clarisse y yo conseguimos despertarla. Le di un trago de whisky para que se repusiera. No pareció tomarselo demasiado mal, a diferencia del extrajero, ella sí era civilizada y sabía que cuando insultas a alguien lo normal es que te peguen. Para entonces Pablo ya bajaba las escaleras con una camisa de Angus, aunque sin el kilt quedaba extraña. Le señalé.
- No parezco una Jenny, así que dejad de insultarme. - luego me di la vuelta y me senté estratégicamente a la mesa, ya casi era la hora de la cena y se podía oler el guiso de pescado de la señora Flowers.
Pablo: La camisa me quedaba algo amplia, pero no demasiado mal. La tela estaba vieja y me había fijado en algún remiendo. Pero tampoco iba a comportarme como un imbécil mimado de Montaigne. Cuando bajé las escaleras la escena era algo extraña. La tal Bridget estaba en el suelo y Clarisse y Erin a su lado. El comentario me cogió desprevenido, pero al menos me hice una idea clara de qué pasaba por la mente de la pelirroja.
- No quería decir eso, maldita sea. Te aseguro que me sorprendió mi conclusión, pero el comentario sobre Bridget y demás... lo siento mucho Erin. No, no pareces una... ¿Jenny? - Aquella expresión me sonaba rara y graciosa. - En absoluto. De veras lamento la confusión.
Y justo al final de mi discursito, apareció la señora Flowers con un enorme puchero y unas cazoletas sujetas de refilón. Lo desplegó todo en la mesa con maestría y hábito. Asentí agradecido y me senté frente a mi plato. El resto hizo lo mismo
Junté las manos y me preparé para bendecir la mesa. Un hábito de hacía mucho tiempo, pero que retornaba cada vez que compartía mesa con más gente. Lo que no era demasiado habitual. Tardé unos segundos en darme cuenta de que seguramente era el único vaticano en la mesa. Mi gesto había sido evidente, así que ya no había vuelta atrás. Intenté salir por la tangente. Murmuré unas pocas palabras de agradecimiento al Creador con la cabeza gacha. Intenté ser rápido, para adelantarme al comienzo del resto de comensales. Para cuando levanté la vista, la señora Flowers me miraba con cierta sorpresa. Volví a sonreír y le tendí mi plato para que me sirviese. Cuando me lo devolvíó, humeante, tuve que reconocer que no pintaba mal. Era una comida rústica, pero olía bien. Esperé a que el resto estuviesen servidos. Estuve pensando en un tema de conversación, pero no se me ocurría nada. Así que recurrí a lo sencillo.
- Un guiso muy sabroso, señora Flowers. ¿Qué es?
Erin: Esperamos todos a que dijera sus oraciones pese a que sólo Clarisse profesaba alguna fé de fuera de las islas. Luego la señora Flowers sirvió su famoso guiso de pescado del miércoles. Todos miraban a Pablo con una curiosidad mal disimulada y luego alternativamente me miraban a mi. Excepto Angus, que ya estaba acostumbrado a que conociera gente en las circunstancias más raras. Antes de que la señora Flowers pudiera responder, Ernest le dio un codazo a Pablo.
- ¿Así que te gusta nuestra joven Erin? ¡Quien tuviera veinte años menos! Pero tiene caract... - justo en ese momento Angus debió de darle una patada a Ernest y la señora Flowers continuó a lo suyo.
- Es pescadilla con verduras. Ha habido suerte, hoy la pesca había sido buena.
Bridget le tiró un trozo de pan a la señora Flowers y luego se inclinó hacia delante, mostrando su generoso busto.
- ¡Oh, vamos! Nadie quiere saber la receta. Es mucho más interesante saber dónde le ha pescado Erin - se rió estrepitosamente, debí haberla dejado inconsciente. Carraspeé y luego me limpié la boca con la servilleta.
- Sin duda estará cansado para responder a tanta pregunta. Más tarde podemos compartir unas botellas de whisky y, si le apetece, puede contarnos su historia.
Pablo: Ser el centro de atención de aquella mesa era estimulante. Aunque no era una audiencia especialmente interesante, al menos era una audiencia. Pero no tenía intención de compartir con aquella gente mi historia, al menos no mi pasado. Nos centraríamos en mi historia reciente. Bebí un sorbo de agua.
- Bueno, tampoco hay mucho que contar. - Me miré la camisa prestada. - Digamos que Erin es la causante de la mancha de mi camisa. - Hice una pausa dramática. - Aunque no fuese ella el origen.
Dediqué una sonrisa a la muchacha. Dejé que el silencio se mantuviese un rato más, mientras aprovechaba para probar un poco de aquella pescadilla.
- A pesar de lo que diga Bridget, mi interés era sincero señora Flowers. - Me sorprendí a mi mismo siento tan amable. - No suele gustarme la comida avalonesa, pero deberíais montar una taberna.
La mujer pareció agradecida por el comentario, aunque no tenía claro cuánta credibilidad le daba. Fuera como fuese, no funcionó. El resto de la cena transcurrió con preguntas sobre mi encuentro con Erin, y al final entre los dos acabamos relatándoselo. Aunque ella pareció preferir adornarlo un poco. Supongo que para hacerlo interesante, porque bien mirado, había sido bastante soso. Cuando terminamos de cenar y recogimos los platos, volvimos a sentarnos alrededor de la mesa, con una botella de whisky en medio que se iban pasando de mano en mano. Intenté evitar tener que beber todo lo posible, pero no pude eludir un par de tragos. Si Theus hubiese querido que nos gustase la madera, habríamos sido castores, no humanos.
Erin: Dediqué una mirada reprobadora a Angus, seguro que le había advertido a Pablo para que no bebiese conmigo, porque Pablo apenas probaba el whisky. Vale, no era el mejor whisky del mundo, pero ¿a quién le importa? Tampoco había que ser tan quisquilloso. Era como cualquier otra bebida mínimamente consistente. Observé que la gente se había ido acomodando en los sillones alrededor del fuego había terminado sentada junto a Pablo. No había sido casual, la señora Flowers había hecho levantarse a Ernest de su sillón con la excusa de que era el invitado para que Pablo pudiera acomodarse. Como siempre, yo había terminado sobre el reposabrazos de aquel sillón. No solía quedarme quieta demasiado tiempo y en este caso me levanté incluso antes con la excusa de leer las cartas.
Primero los cotilleos del pueblo para la señora Flowers, un embarazo fuera del matrimonio y un casado que se había fugado con la hija del porquero. Todos maldijimos porque eso significaba que no tendríamos envíos de carne en una temporada, seguro. Luego las dos cartas de clientes de Bridget que, como siempre, eran bastante más descriptivos de lo que todos necesitábamos.
- ¿Que hiciste qué con la boca? - preguntó Clarisse - ¿Eso se puede hacer? Me parece una guarrada.
- ¡Qué sabras tu! - intervino Angus.
Le miré levantando una ceja, pero en estos días ya me había acostumbrado a leer este tipo de cosas y ya era capaz de leerlas sin ponerme demasiado roja. Discutieron un rato hasta que decidí continuar leyendo. Luego discutieron otro rato más para decidir qué se debía responder a cada uno. Esa era una de las cosas curiosas de las cartas, todos opinaban aunque, en realidad, fuera sólo asunto de Bridget. En parte me recordaba a cuando me juntaba con mis primas y hablaban de los chicos que les gustaban y sobre qué deberían hacer. Todas opinaban. en mi caso siempre me había guardado esas cosas para mi, como mucho le había contado algo a Joanna y apenas nos veíamos.
La botella de whisky y las cartas se acabaron. Noté una no tan sutil intervención de la señora Flowers para empujarnos a todos a las habitaciones, lo que no habría sido raro si no fuera porque parecía que quisiera dejarme a solas con Pablo. Las leyes de la cortesía y la hospitalidad que todo inishmores tenía grabadas a fuego me obligaron a acercarme y ofrecerle otra botella, esta de Ron escamoteado en un barco a cambio de una letra satírica sobre un tal capitán Pierce de la Croix. Lo que fuera, olía intenso y estaba segura que bajaría como fuego por la garganta. Me senté frente a él, en una silla dada la vuelta, con los brazos sobre el respaldo.
- Tal vez prefiráis algo más suave, no he podido evitar notar que apenas probasteis el whisky - me reí un poco - Los extranjeros dicen que bebemos mucho. ¿Tenéis donde quedaros? Estoy segura de que la señora Flowers y el resto están escuchando. - Sonreí con ironía - Podemos buscaros un acomodo si es que podéis tolerar alojaros bajo un techo humilde. No es comparable a las estrellas, pero sí mucho más confortable... ¡y seco! - añadí con una risa - Pinta que lloverá esta noche, suele llover aquí. Si no, puedo haceros de guía y llevaros hasta un alojamiento más lujoso. - Le evalué por un momento - Conozco varios que han requerido mis actuaciones en alguna ocasión.
Pablo: Me dejó un tanto sorprendido aquella forma de tratar las cartas de Bridget. Consideraba el sexo algo íntimo y a pesar de que las profesionales no eran desconocidas para mi, me sentí algo violento. Así que decidí mantenerme en silencio durante toda la conversación. Cuando terminaron de escribir las contestaciones, la señora Flowers se les llevó a todos al piso de arriba como si fuesen su rebaño, salvo a Erin, claro. Era un movimiento demasiado evidente, pero divertido. No tuve más remedio que dejarlo fluir. Al final acabamos los dos en aquella habitación. Diría que a solas, pero estaba claro que había unos cuantos oídos atentos a nosotros. Por un momento dudé si poner a la muchacha en un compromiso, pero era mejor actuar con cabeza.
- No tiene que ver con la cantidad, sino con el sabor. - ¿Otra vez estaba ofendiéndola? Intenté arreglarlo. - Las bebidas destiladas son muy fuertes para mi paladar. En Castilla estamos acostumbrados al buen vino, el whisky arrasa la garganta y la lengua. Al final todo sabe igual. El ron en cambio es más amable. - Tomé la botella y le pegué un trago. - Aunque sigo prefiriendo el vino.
Le tendí la botella de nuevo.
- Lo cierto es que tengo una habitación alquilada, pero no sé si sería capaz de llegar desde aquí. No conozco muy bien la ciudad. - Me levanté. - Pero no querría importunaros haciéndoos salir bajo la lluvia. Seguro que seré capaz de encontrar el camino.
No tenía ganas de despedirme aún de Erin, pero me parecía caballeroso al menos darle la oportunidad de escapar de la encerrona de la señora Flowers. Las cartas de Bridget habían sido en cierta forma estimulantes, pero no tenía intención de ir metiéndome en sótanos sin ser invitado. Además, si me acompañaba hasta mi posada, seguramente sería un lugar mucho más discreto para hablar.
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