jueves

Joanna Enid Jhones


[Rumbo a la aventura]

Di un respingo sobresaltada cuando de improviso aquel tipo me abordó atosigándome a preguntas sobre el internado de la Sta Mercromina Dañino. ¿Quien demonios era? o mejor aun ¡¿porqué sabía mi nombre?!.
 Oh no, Oh no, Oh no... ahí estaba, tenía que haber sospechado desde el primer momento ¿cómo no lo había visto venir? Já! ¿y tú querías llamarte Valeria? ¡ninguna Valeria se dejaria pescar antes siquiera de partir!.

Tragué saliva, aquel barco no se mecía suavemente sobre las olas si no que lo hacía sobre las replicas del terremoto que había abierto las fauces del infierno en Avalon y había liberado a Cece. Podía imaginarla con su dedo inquisitor en alto como un pararayos dispuesta a fulminarme, no por haber incendiado todo un ala del internado no, ni siquiera por haber huido del deber y la justicia o por colarme en la casa de aquel buen mercader y robar sus ropas (ropas que por supuesto tenía toda la intención de pagar, a su debido tiempo), por supuesto que no. Aquellos crímenes empequeñecían miserablemente al lado de llevar únicamente dos enaguas entre la gruesa falda y la piel desnuda.

Instintivamente dí un paso atrás, entre el hombre y la pared.

Pensándolo bien... solo dos enaguas...

Me rasqué el tobillo derecho con el botín izquierdo. Solo dos enaguas, no, de ninguna manera podía estar bien, y ... si, de algún modo me hacía sentir poderosa.

Fruncí el ceño y, reuniendo toda la dignidad de la que fui capaz, me erguí alzando el mentón. -¿quien pregunta?, si puede saberse -respondí inclinándome ligeramente hacia adelante -al parecer, vos si que conocéis mi nombre... -concluí con suavidad.

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