El camino se desvanecía con cada paso hasta llevarme al interior del bosque. En el fondo tenía sentido puesto que atravesar un bosque era el camino del buscador de la verdad. Los bosques eran la más clara representación del ciclo de la vida y las trabas que se encontraban con ramas, espinos y sotobosque no eran sino una metáfora de las dificultades de la vida. En esencia, superar obstáculos era una forma de crecimiento personal necesario para alcanzar el autoconocimiento.
El tejón y la garza no salían en el sueño, aunque de algún modo debían contribuir a la historia. Porque los detalles eran lo que daba vida a las historias. En toda buena historia había un aprendizaje, una evolución y los detalles solían anticipar lo que ibas a encontrar en el camino. Al menos eso era lo que me decía mientras seguía andando. El tejón, por ejemplo, era un animal que peleaba con gran tenacidad para defenderse y, por eso, se lo asociaba a la protección de todos los tipos, tanto a nivel físico como emocional.
Eso quería decir que en el trascurso del viaje que acababa de iniciar, encontraría alguien que encarnaría esa energía. O tal vez que tendría que encarnarla yo, no lo tenía muy claro, pero tenía la certeza que todo se aclararía cuando llegase el momento. El caso es que también estaba asociado a la primera casa del zodiaco y, como tal, era un símbolo de fuego. Eso también podía ser importante.
La garza era todavía más significativa y aunque no pude evitar maldecirla por cagarme encima y estuve tentada de ver si se convertía en mi cena, me obligue a recordar que era uno de los símbolos del amor cortés. Concretamente representaba la feminidad y la sumisión de la mujer al esposo. Bien pensado, que una mujer sumisa a su marido se cagase en mí, no resultaba ni nuevo, ni sorprendente.
La cuestión era, ¿cómo se relacionaban ambos símbolos para dar sentido a la historia? Porque cuando tuviera que escribirlo tendría que hacerlo de modo que tuviera sentido… de modo que tuviera sentido y no ofendiera a los lectores potenciales.
Y cuando ya estaba a punto de cagarme en todo yo porque no llegaba a ninguna parte, encontré una charca. Y justo con el ocaso. Era completamente apropiado porque el ocaso es el tiempo de la reflexión y también es un momento mágico, la frontera entre el día y la noche. En el fondo tenía sentido que si estaba realizando una búsqueda personal.
Estudié la charca con sus nenúfares algo marchitos y varios sapos en proceso de reproducirse. Excepto uno, que parecía no tener ningún éxito. Ahora lo veía claro. El sapo tenía una significación dual y podía asociarse tanto al sol como a la luna, de ahí que mi llegada a la charca, se hubiera producido durante el ocaso. Naturalmente, también representaba el agua y, como tal, se asociaba a la fertilidad, que era precisamente el dilema que tenía este sapo en concreto: reproducirse. Llegados a este punto y por si aún no estaba claro, había recibido dos pistas más. El tejón me indicaba que debía proteger al sapo y la garza que debía encontrarle una hembra sumisa que se cagaría en mí, esta vez metafóricamente, porque interferiría en su elección de macho. Pero bueno, detalles.
Así que hice lo lógico, seleccioné una hembra de aspecto pasivo, la capturé con algún que otro problema y luego los junte. Cuando terminaron me di por satisfecha y decidí buscar un sitio para pasar la noche. Preferentemente un sitio seco a cubierto y aunque podía ver la luna en cuarto creciente en un cielo relativamente despejado, todos sabían que cuando iniciabas una aventura de este tipo, era cuestión de tiempo que hubiese una tormenta…
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