[Puerto de Erisent, Montaigne]
Dejé la jarra sobre la mesa y salí a trompicones tras Lola.
- des excuses à mon amie, Je suis desolé -me disculpé rapidamente al pasar frente al tabernero el cual tenía toda la pinta de no haber decidido aun que estaba más, si cabreado o confundido ante la retaila de improperios en castellano que Lola le había soltado. - elle est allergique à l'eau de mer, vous vouyez, une tragédie ...-concluí con una profunda y fingida expresión de desolación antes de echar a correr y desaparecer también tras el umbral.
Normalmente solía estar en contra de mentir, papá siempre decía que la verdad nos haría libres, pero en ocasiones como estas en las que la perspectiva de pinchar con un palo a un oso hambriento de repente se le antoja a uno una actividad mucho más segura y recreativa... llamadme sentimental, pero despues de tantos años le había cogido aprecio a mis extremidades tal y como estaban.
Cuando alcancé a Lola sus ojillos oscuros aun destilaban deseos de venganza. Probablemente no sería el mejor momento de hablarle de las supersticiones sobre las mujeres y los barcos que profesaban los viejos marinos pero...
- ¿sabes que?, tienes razón, -sentencié sonriente - ¿que tal si buscamos un sitio donde darnos ese baño? -añadí cogiendola suavemente de la mano. Suponía que la perspectiva de dejar de oler a pescado le agradaría, y uno siempre estaba mucho más receptivo a hacerse pasar por un falso grumete tras un buen baño caliente.

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