viernes
Prologo: Los Albores de la Tempestad II
Erin siguió el ladrido lejano. Tenía un matiz de urgencia y dolor que le hacía sentir una angustia profunda. Se apresuró internandose cada vez más en el bosque con la escasa luz de la luna hasta que llegó a un tronco caído. Los ladridos cercanos provenían de un cachorro de mastin castellano blanco que tenía una pierna atrapada en un cepo para osos. El pobre animal giomteaba y pugnaba por liberarse de la trampa oxidada pero cuanto más tiraba más se hundía el metal el su carne. Erin contempló con compasión al animal y se le escapó un "ooooh" enternecido, pero por más que trató de abrir la oxidada trampa no logró liberar la pata del animal. Tendría que pensar en algo.
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