viernes

Prologo: Los Albores de la Tempestad




Definitivamente, Erin se había perdido. Bueno, no perdida, pensandolo mejor... deshubicada. Temporalmente no sabía donde estaban el resto de cosas, pero ella no estaba perdida. Sabía perfectamente dónde estaba.

En mitad de... un bosque. Sin camino a la vista. Hmmm... al parecer con gran cantidad de enredaderas con pinchos y altos árboles imposibles de escalar. Y de lejos le pareció oír el aullido de un lobo.

Vaya, empezaba a pensar que no había sido una buena idea tomar el desvio recomendado por un misterioso desconocido encapuchado. Había tenído un sueño profético.




Definitivamente fue un sueño profético. Ella entendía de esas cosas. Había estudiado con Auckland McCool y Finneas Finnegan, los mayores bardos de su generación. Los sueños proféticos se reconocían cuando los veías. Vaya que si. En el sueño aceptaba los consejos de un desconocido, ayudaba a un sapo, un perro y un cuervo y se enfrentaba a un ogro en una batalla de cuentos. Con la ayuda de los tres animales lograba arrebatar el caballo de obsidiana mágico del ogro y llegar a la ciudad que hay en la espuma de las olas para encontrar al oso parlante que le revelaría su destino.

¡Lo había hecho todo bien maldita sea! Había aceptado los consejos de un desconocido y se había metido por el camino viejo del bosque. El problema era que el camino no parecía hacer más que retorcerse y difuminarse hasta que, de repente, ya no hubo más camino. Sólo enredaderas espinosas y arbustos que tapaban charcos y agujeros.no encontró ningun sapo, ningun perro ni ningun cuervo. Sólo un tejón muy muy enfadado por pisar su madriguera y una garza que se cagó en su pelo.

Y entonces, cuando ya empezaba a pensar que sólo le quedaba maldecir en alto y agitar el puño hacia el cielo aparecio. Un claro se abrió en mitad del bosque oscuro revelando las ultimas luces del ocaso. Y en medio del claro, un pequeño estanque con nenúfares tardíos abiertos, con las flores medio marchitas. Era la última hora de la tarde, y algunos sapos y ranas perezosas empezaban a despertarse...

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