Erin Morgan O'Neill - Fabien du Boissieu
Master: Fabien estaba muy molesto. Su padre no dejaba de tratarle cómo si fuera una especie de juguete. No, como si fuera un jugador al que hay que explicar pacientemente las reglas del juego. Y sonreía TODO EL MALDITO TIEMPO.
Mientras cabalgaba hacía sus propiedades para echarles un ojo antes de partir hacía Avalon pensaba en que toda su educación no había sido más que un pasatiempo, cómo quien cultiva un rosal para que de las rosas más bonitas. Eso le sacaba de quicio. Ya casi había llegado a sus terrenos, ya podía ver la casa y las elegantes colinas preparadas para la vendimia cuando una voz lo llamó desde el lado del camino.
- ¿Dónde vas, jovencito?- preguntó su padre adelantandose con una manzana a medio comer en la mano. Eso también le sacaba de quicio. Fuera dónde fuera, hiciera lo que hicera, su padre siempre parecía estar allí de forma casual e inocente. Frenó su caballo de forma cautelosa y bajó al llegar a su altura a pesar de no apetecerle nada hablar con él.
Fabien: Daba igual que pasara de largo, fuera donde fuera, su padre iba a estar ahí, y si le ignoraba, estaría enfadado, mejor tenerlo contento... pero tampoco iba a a ponérselo fácil.
-¿Dónde voy? Al lugar mas alejado de vos que encuentre, Padre, a Ussura o a alguna isla Vodaccia.-
Sujetó el caballo por el ronzal, esperando cual sería la nueva ocurrencia de Archibald. Creería que estaba loco si todo lo que hiciera no tuviera luego efectos claros en beneficio de la familia. De la cabeza de familia.
Master: Archibald miró a su hijo divertido mientras pegaba un lujurioso mordicso a la manzana. Lo miró de arriba a abajo cómo si fuera la primera vez que lo viera y se encogió de hombros indiferente mientras tragaba.
- Cómo quieras hijo, yo sólo quiero lo mejor para ti- comentó, quitandole importancia,- pero no puedes huír de tu destino- señaló, al tiempo que propinaba a Fabien un empujón inesperado que lo hizo trastabillar, sintió el frío del portal en su espalda y entonces comprendió lo que pasaba. Trató de agarrarse con las dos manos al bocado del caballo, que estaba notablemente nervioso, pero sólo pudo ver como la hoja de su padre cortaba la brida. Cerró los ojos con fuerza e hizo oídos sordos a las promesas y susurros que le rodeaban durante lo que le pareció una eternidad. Hasta caer con un ruido sordo en el suelo polvoriento de una habitación oscura, sucia y que olía a vejez y ruina.
Mientras tanto, Erin oyó un ruido sordo en alguna habitación. Algun objeto pesado había caído al suelo, como arrojar un saco de sesenta quilos de naranjas.
Erin: Me incorporé de un salto, impulsada por la adrenalina. Estaba siendo una noche muy, muy larga. Por un segundo pensé que era raro que no me sorprendiera. Bueno, no exactamente, si no que hubiera llegado a un punto en que pasara lo que pasara lo tomase como algo natural. Probablemente era la falta de sueño. Cogí al cachorro con cuidado porque no quería dejarle ahí solo. Luego miré hacia al cuervo, seguro que aprovecharía para comerse la pierna del cachorro. Pero no era el momento de pararme a pensar en esas cosas. Cogí la vieja lámpara que había derribado la tormenta y la encendi, luego caminé hacia donde pensaba que se había escuchado el ruido. Fuera lo que fuese, no era casual, porque nada lo era en este tipo de viajes.
No estaba muy lejos, estaba en una sala cercana. Un salón antiguo con los muebles cubiertos de viejas sabanas polvorientas que había ignorado la primera vez. Y despatarrado encima de un divan, como si acabase de tirarse sobre el, había un hombre moreno, joven y con ropas claramente no avalonesas, abiertamente caras e imprácticas. Lo más extraño y que si me sorprendió es que no parecía para nada un fantasma.
Consideré la alternativa de tirarle lo primero que tuviera a mano, sólo para estar segura. Luego me fijé en que había barro en sus botas. Eso no era muy de fantasma. Preguntarle directamente era una completa y absoluta falta de cortesía pero, qué diablos, tenía demasiado sueño para andarme con chorradas. Si aquel tipo quería etiqueta y gracias no debería aparecer en mitad de la noche en una mansión abandonada.
- ¿Hola? - salude con cierta inseguridad - Hubiera asegurado que a mansión no albergaba nadie vivo.
Fabien: Mierda ¿Qué me había hecho esta vez? Traté de sobreponerme al mareo del viaje mientras notaba el ¿suelo? ¿mueble? debajo de mí, cualquiera que me viera vería a un joven y atractivo noble montaignes vestido con las mejores ropas, además de acorde con la última moda... y que empezaba a chillar como un energúmeno: -Archibald! Je te hais, je sais que tu m'entends! Je jure vengeance sur tout cela!- y que por fin abría los ojos.
En la habitación sólo había una joven increíblemente atractiva con una cría de perro en brazos y que en cualquier otro momento haría que Fabien se levantara y la tratara con la cortesía que sin duda merece cualquier mujer, pero el joven parecía fuera de sí, mirando el suelo, las paredes con cara furiosa y se dirigió a la mujer con ansiedad: Avez-vous vu cet objet? Aide-moi à trouver un objet sanglante sur le terrain! Ne vous de moi!? Dois-je les taches de sang?-
Me voy tranquilizando poco a poco, aunque sin duda todavía busco algo por el suelo o sobre mi ropa y me levanto, sacudiendo el polvo de mis ropas y la observo:-
Mademoiselle un plaisir de lui dire bonjour ... mais pourquoi ne prend votre culte de vêtements pour hommes?.-
Erin: No había entendido absolutamente nada. Es decir, no había entendido absolutamente nada más allá de que era un montaignes y que intentaba comunicarse conmigo. En realidad, si no fuera porque no tenía la certeza de seguir en avalon, habría considerado de muy mal gusto que me hablase en montaignes dando por hecho que debía entenderlo. En realidad no importaba, porque igualmente no lo hablaba. Sonreí con una plena confianza.
- Tampoco sé donde estamos, aunque no creo que sea verdaderamente importante Por cierto, calmate, los fantasmas de la casa se han calmado tras la tormenta. El mayor riesgo aquí es un madero roto. - me reí un poco.
Luego me acerqué para que la luz de la lampara le iluminase mejor. Me sonaba remotamente a alguien, pero no conseguía identificar a quién.
- ¿Nos hemos visto antes?
Fabien:Sonaba a ¿Avalonés? ¿Hasta tan lejos me había traído el muy...? Hice memoria y traté de recordar las lecciones de mi tutor, que estaba muy contento conmigo, ya que por alguna razón el idioma de las islas se me daba muy bien. Yo pensaba que era muy fácil y cuando se lo dije, me comentó que claro, que los avalonenses no eran muy listos y habían inventado un idioma sencillo para sus mentes poco sofisticadas.
-Creo que no, hermosa señorita...- en ese momento me fijo en el pequeño cachorro que tiene entre sus brazos y mi cara cambia la expresión a una de honda preocupación.-¡Pour l'amour du Soleil ¿Qué le ha pasado al pobre animal? ¿Qué ha ocurrido?-Me estoy olvidando de presentarme, de las reglas más obvias de cortesía... pero pobre bicho. me afecta verle así... y aunque la mujer es tan guapa que me duele solo mirarla, no puedo evitar concentrarme en el cachorro.
Erin: Su voz, quitando aquel acento empalagoso, me recordó aún más a alguien. En realidad, estaba casi segura de haber escuchado una cadencia similar en alguna de las miles de reuniones familiares ¿pero cuál? Va, en el fondo tampoco sería tan importante si no me acordaba. Claro que, siendo montaignés ¿sería que le debía una paliza? Bueno, de momento no arecía agresivo.
- Un bastardo puso una trampa para osos. Intenté salvar su pata, pero no soy médico. El único que había debió de servirle de comida al cuervo. - me quedé pensativa por un momento - ¿No seréis médico señor...? - dejé la pregunta intencionalmente incompleta, dando a entender que no se había presentado. A decir verdad, tampoco yo lo había hecho, pero eso eran detalles y estaba allí antes. Sonreí para suavizarlo un poco.
Fabien: -Tengo el honor de ser du Boissieu, Fabien du Boissieu, mademoiselle- empiezo a decir más tranquilo. -¿Y vos? ¿Con quién tengo el placer de tener esta conversación?.- Sonrío amablemente, tengo que saber donde me ha mandado esta vez el puñetero diablo, donde he acabado... Y quien es esta señorita tan notable.-¿Y, si me permitís la impertinencia y la absurda pregunta? ¿Donde estamos?.-
Erin: En realidad no había contestado a lo que de verdad me importaba, si era médico. A decir verdad sonaba a repugnante noble montaignés. De esos a los que dan ganas de patear. Pero no iba a dar pie a sus muy injustificadas acusaciones de incivilizados. Es decir, aún no. Prefería esperar a un momento en el que el cachorro no tuviera riesgo de salir herido. Me comporté como si, de hecho, aquel lugar me perteneciese. Caminé hasta un sillón y me senté, con las piernas cruzadas y el cachorro en mi regazo.
- Ya os indique que no conozco con exactitud nuestra ubicación aunque, diría, que nos encontramos en las islas del glamour. Muy probablemente seguimos en Inishmore. - dejé la lámpara en el suelo y acaricié distraidamente al cachorro - Soy Erin Morgan O’ Neil, de los O’Neil de Killbane.
Fabien: -Ah, ¿hay unos O´Neill de otro sitio? Bueno, encantado de conoceros, y desafortunadamente no soy médico, ni veterinario, y no creo que pueda ayudar a vuestro animal-Me acerqué a la mujer y observé detenidamente la herida.-¿Me prestaríais vuestra lámpara un momento, querría buscar algún objeto cerca de donde caí?. O igual podríamos salir de este sitio e ir a buscar un veterinario.- Y yo un barco para largarme de aqui.
-¿Qué me decis?-
Erin: Increible, acababa de llegar y ya estaba pidiendo cosas. Además, no prestaba atención a nada de lo que se le decía. Más aún, se tomaba demasiadas confianzas. Y lo que es peor, sin siquiera unas cervezas de por medio. Me estiré un poco para volver a coger la lámpara.
- Debe de haber otras lámparas por aquí. La mansión esta abandonada y, por lo que sé, perdida en mitad del bosque. Salir en una noche de luna menguante a un bosque con trapas para osos con una sola lampara y después de una tormenta, no es algo que recomendaría - además, el verdadero motivo de que no me fuera, era que aún no había terminado lo que me había llevado allí. Tenía que ayudar a cuervo y buscar más pistas sobre la carta y sobre el tal James. - Naturalmente, nada os impide ir vos. - sonreí
Fabien: -Sí, la cortesía me impide abandonaros pero realmente necesitaría la lámpara para buscar un objeto, es por vuestra... por nuestra seguridad. Da igual, os acompañaré vayáis donde vayáis, no es de recibo que estéis sola, y menos en una mansión abandonada, además me gusta vuestro animal, he de ver que reciba cuidados.-
Erin: Suspiré, realmente estaba dmasiado cansada para discutir sobre trivialidades. Podría haberle aclarado que, en realidad, no era mi perro. Pero ¿para qué? Igualmente, el asunto de buscar lo que fuera, aunque me hacía sospechar seriamente de que buscaba lo que quiera que escondía el difunto doctor, parecía prioritario a conservar una lámpara que, de todos modos,
no era mia. Le tendí la lámpara y, sin llegar a soltarla, pregunté:
- ¿Y qué es lo que buscáis que sea tan crucial para... mi, nuestra seguridad? - le miré a los ojos dando a entender que no había pasado por alto su desliz.
Fabien: -Un objeto ensangrentado con la sangre de un malnacido, puede ser cualquier cosa, un prendedor, una moneda, lo que sea, tendría que estar en esta habitación. Si no lo encontramos a saber que puede pasar.-. La voz de Fabien pasa a tener un tono bastante serio, ya está algo cansado de frivolidades, ayudará a la dama si puede, y al cachorro, pero cualquiera sabía lo que estaba maquinando Archibald, así que cuanto antes cortara la conexión mejor.
-¿Haríais el favor de ayudarme?, si no confiáis en mí no me importa, yo me quedaré aquí con vos como mínimo hasta que amanezca.-
Erin: Lo de objeto ensangrentado sonaba a historia que merecia la pena escuchar. Historia de fantasmas, lo que era bastante apropiado. Era una lástima que el cachorro no se encontrase bien porque eso era algo que podría haber olfateado. Sonreí con tranquilidad.
-Naturalmente - sonreí - No obstante, sólo disponemos de una lampara, lo que limita el radio de busqueda. Dejé que sujetase la lampara y empecé a apartar las sabanas. Ninguna parecía manchada, pero nada evitaba que lo que fuera estuviese debajo. Más aún, tenía una teoría.
- Seguro que esta bajo los cojines de un sillón, las cosas siempre se pierden ahí.
Fabien: -Muchas gracias Mademoiselle O´Neill, vuestra generosidad y confianza solo rivaliza con vuestra hermosura.-dice Fabien recordando sus modales, y con la lámpara se dirigie al punto donde aterrizó y se dedica a buscar manchas de sangre en algún objeto o pared.-Os haré caso, buscaré en el sillón.-
El joven noble se aplicó a la tarea y poco después desistió de la búsqueda, ni había objetos ni había manchas, su padre era demasiado hábil, o igual había soltado el objeto.
-Gracias otra vez, ahora yo soy vuestro deudo. ¿Cómo podria ayudaros?.-Me acerco y le devuelvo la lámpara.
Erin: No podía creerme que se fuera a rendir tan pronto. Si era algo tan importante, no se podía ceder a una actitud derrotista. Vamos, esto lo tenía muy claro, aunque fuera una montaignes. Era una cuestión de principios.
- ¿Cómo? Apenas hemos echado un vistazo. Ni hemos mirado por si hay tablones sueltos en el suelo, ni en la lámpara, ni detrás de los cuadros, ni debajo de los sofás, ni si se usó para pintar algo... Hay docenas de opciones y ni siquiera has levantado los muebles. No puedes rendirte. No te lo admito, sigue buscando.
Fabien: -Hacedme caso, si no lo he encontrado es que el usuario del objeto no quería que se encontrase o lo ha hecho desaparecer o...-Tomo la lámpara y miro al techo. Sería una gran jugarreta...-Y ahí no veo nada, en fin , no puedo registrar cada recoveco de la lámpara de araña así que volvemos al inicio. ¿Cómo puedo ayudaros?.-
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