lunes

Luke "Veinteaciertos" Seawalker




Alzo la cabeza de golpe ante el ruido que emite el maldito pajarro que se ha colado por la ventana de mi habitación, y me arrepiento un segundo después cuando el mundo me da vueltas y las tripas me gritran que por qué he hecho tamaña estupidez. Dejo pasar un par de minutos con la cabeza sujeta por la frente con mis manos, sentado en el borde de la piltrafa de cama donde he dormido, mientras el loro ladra y ladra sin parar. Después, tuerzo la cabeza de medio lado para mirarlo fijamente, y la cabeza me lanza otra punzada, aunque más suave. Por un momento me parece estar loco, porque veo un pájaro azul y blanco, pero debe de ser cosa de la bebida porque al instante siguiente recupera su, supongo, color normal.

Me levanto con tranquilidad, apoyandome en la cabecera de la cama, y avanzo a trompicones hacia el bicho para retorcerle el pescuezo y que se calle... cuando veo que tiene una especie de papelucho enganchado en una de las patas. Se lo arrebato con pocos miramientos, pese a sus aleteos de disgusto, y vuelvo a sentarme en la cama antes de que mi mente decida darse otro paseo boca abajo.

-Veamos qué traes aquí, bichejo. -Murmuro mientras leo lentamente un par de veces la nota, dejando que las palabras fluyan y se ordenen en mi cabeza con tranquilidad. Y luego lo reviso una vez más para comprobar que lo que creo que he entendido es correcto. -Oh, vaya. Parece que me he despertado y sigo bebido, pero la persona que escribió esto debía de haber tomado mucha mayor cantidad de grog que yo. Acabar con la injusticia de los egoistas, y la tiranía de los hombres malos... menuda genialidad. -Hablo para mí mismo, porque al menos en el último viaje he conseguido dinero suficiente como para tener una habitación para solo media docena de personas, y ahora mismo ninguno de ellos anda por aquí. -Pero una propuesta así bien vale una copa gratis, y no tengo nada que hacer esta noche.

Me levanto de la cama, guardando la nota en uno de los pliegues de la camisa y obligando al papagayo a subirse a mi hombro, y luego cojo de debajo de mi cama mi estimado mosquete, del que no me separo ni muerto, y salgo de la habitación para dar una vuelta y hacer tiempo hasta que sea de noche.

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