-¡Stronzo di merda! -El ruido del vaso de vino contra la pared sonó como un signo de exclamación. Comencé a dar vueltas por mi habitación. -¡Novato, novato, novato, testa di cazzo! -Me había ganado a pulso mis propios insultos. Apenas llevaba un par de meses en la ciudad y ya estaba arruinando mis propios negocios. Y de qué forma tan estúpida. Apuntado: no importa lo bien que te caiga el artista, la correa mucho más corta a partir de ahora. No quería quemar a todos los artistas de la ciudad en medio año.
Me relajé, recogí el vaso, lo rellené, me senté sobre el escritorio y me puse a releer la carta de Arthur. Esto me generaba dos grandes problemas:
Me relajé, recogí el vaso, lo rellené, me senté sobre el escritorio y me puse a releer la carta de Arthur. Esto me generaba dos grandes problemas:
El primero, no podía seguir vendiendo obras de Arthur. Obviamente. Por suerte el comprador era un marchante montaignés de paso, Archibald du Buissieu, que trataría de revender sus obras por ahí. No iba a correr detrás de cada pintor muerto de hambre con muchos humos, si él quería buscarse la vida por su cuenta, era su problema. Tal vez monsieur du Buissieu (esbocé una sonrisa, maldito idioma que suena a chiste) quisiera seguir adquiriendo obras suyas, si se vendían bien -que lo harían-, pero aun tenía que irse, venderlas y volver, y eso daba tiempo para que Arthur se viese perdido y volviese a casa. Si lo hacía.
El segundo era el lío que me había colgado con lo de su hermana y la posada. No debía nada a ese pobre diablo y nada me impedía simplemente ignorar la carta, pero querría tener un sitio al que traerlo de vuelta y que se sintiese en deuda conmigo. Normalmente ni siquiera me hubiera parado a pensar en esto, pero este tipo era realmente talentoso. Además, no me haría daño tener un alojamiento y un despacho. Controlar una posada implicaba controlar viajeros, rumores y un poder de influencia entre los negocios locales. Nunca había tenido una, pero podría ser una experiencia interesante.
La hermana de Arthur, Kelly, era una joven de 19 años que trabajaba como doncella. Inteligente, bonita, viviendo una vida por debajo de sus posibilidades. Material muy aprovechable. Me pasé la mano por el pelo y resoplé. Vale, tenía que ir a hablar con ella. Me vestí, apuré el vaso de vino y me encaminé a la puerta de la habitación.
...Claro que...
Volví sobre el escritorio y recogí la carta. Decía que tenía un estudio nuevo en alguna parte. No tenía el cuadro de la dama, pero recordaba su aspecto, y tenía algunos dibujos suyos. Podría buscarlo a él, o a la señorita, arrastrarlos aquí y...
...Qué va. Mucho trabajo a la basura y tenía otras cosas de las que encargarme. Era el momento de hablar con la futura posadera de La Puerta Verde.

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