Me paso lo que me queda de mañana después de sofocar la resaca en un barril de agua y buena parte de la tarde deambulando por la ciudad, charlando con viejos conocidos y aprovechando el dinero que me he sacado del reparto del botín del último viaje. El resto de la tarde lo dejo correr visitando a mis primos y mi tía y, mal que me pese, a mi tío también. Allí me tomo media pinta más, antes de recordar la extraña nota del papagayo, y me despido efusivamente de mi familia antes de ir a buscar al pájaro, que he dejado encerrado para que no se escape. Después, me encamino hacia la Mula Coja tratando de desentrañar cómo voy a reconocer a una mujer que nunca he visto, y con un nombre tan rematadamente raro. Aunque el apellido, no tengo claro por qué, pero la verdad es que me suena un tanto. Bueno, supongo que el problema se dilucidará solo cuando llegue allí, o tendré que sonsacarle la información que busco a alguien.
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